El Dolar


Por Yanki Tauber

Todos sabemos qué hace, pero ¿qué es lo que dice?

Rezamos por él, nos esclavizamos ante él, le dedicamos nuestros mejores años y talentos para conseguirlo. Y lo culpamos a él por todas nuestras enfermedades.

Especialmente, dos acusaciones básicas son hechas contra el dólar:

1. Ha usurpado la posición, antes ocupada por lo espiritual, lo trascendente y lo divino, la más alta aspiración del hombre y la suprema autoridad. Hoy en día el dólar es dios.

2. Es la causa de la división y la competencia nunca vistas. Ha puesto a hermano contra hermano, vecino contra vecino, nación contra nación. Efectivamente, virtualmente todos los conflictos son entre el que tiene y el que no tiene. Y ¿qué tiene el que ‘tiene’ que carece el que ‘no tiene’? Dinero.

¿Pero es el dólar el que está en falta? ¿Es ese pedazo de papel verde y blanco culpable del hecho que lo hayamos transformado de un mero medio en el fin máximo? ¿Que el pegamento social más potente es usado para construir muros de hostilidad y fortalezas de soledad?

¿Qué es lo que el dólar mismo dice sobre sus propósitos y usos pervertidos?

Por la divina providencia, los diseñadores del dólar inscribieron en él dos frases claves. La primera, que se extiende arriba de la palabra one (uno) en el lado reverso, dice “En D-os confiamos”.

No soy yo, dice el dólar, quien te puedo proporcionar el solaz de las dificultades de la vida y seguridad contra su falta de certezas; no debería servir como un objeto de tus deseos y el foco de tus luchas. No confíes en mí, confía en D-os. No me sirvas a mí, utilízame para servir a D-os.

La segunda frase, inscripta en la cara del Gran Sello de Estados Unidos, es E pluribus unum (De muchos, uno). Si, el mundo que percibimos con nuestros ojos físicos es un mundo plural, un mundo de gran variedad y diversidad. Pero nuestra misión en la vida es hacer de muchos uno, para unir estas fuerzas diversas en la armoniosa expresión de la unicidad de su Creador.

La gente es diferente, diferentemente dotada con talentos, recursos y oportunidades. El dinero puede profundizar estas diferencias, cuando es usado para acumular riqueza, recompensar privilegios y explotar a los necesitados. Pero el dinero es mucho más apropiado para unir y para igualar. Es la perfecta destiladora, convirtiendo bienes, talentos y tierras en un instrumento que puede ser fácilmente comerciado y compartido. Es un medio que sirve para lograr generosidad y cooperación entre los hombres y las naciones, consolida recursos hacia un fin común.

La próxima vez que uses o persigas un dólar, detente un momento para leer la “letra chica“.

Por Yanki Tauber
Yanki Tauber es editor de contenidos de Chabad.org
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